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Monday, November 09, 2009

A 20 años de la reunificación de Alemania
Gonzalo Martínez Corbalá


"El 9 de noviembre de 1989, a las 18.57 horas, el jefe del Partido Socialista Unificado de Alemania (SED), de Berlín Oriental, Günter Schabowski, en conferencia de prensa que se transmitió por la televisión de la República Democrática Alemana (RDA), informó la resolución del Consejo de Ministros que autorizaba a los ciudadanos de la RDA a viajar al extranjero, incluido Berlín Occidental y la República Federal Alemana (RFA), sin mayores requisitos, después de que durante 28 años los alemanes de esta República se jugaron la vida al brincar el Muro, a pesar de las alambradas, o escondidos debajo de un camión, en lo que se llamó el Checkpoint Charlie, que cateaba todo vehículo, aun por abajo del chasis, con unos carritos especiales con espejos.

“Entre enero y agosto de 1961, cerca de 160 mil refugiados salieron de la RDA, y en los momentos en que la política internacional era muy tensa, el primer ministro de la URSS, Nikita Khrushchev, dio un ultimátum a Berlín Occidental demandando que los aliados sacaran sus tropas de esta ciudad delimitada por el Muro, y que esta capital, invadida por las tropas de unos otros, fuese ciudad libre en un plazo de seis meses. El 17 de febrero de 1959 había lanzado la amenaza de establecer un tratado de paz separadamente entre la URSS y la RDA. El presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, se reunió con Khrushchev, el 3 y 4 de junio de 1961, en Viena, sin ningún resultado.

“Si bien Walter Ulbricht, líder del SED dijo a un periodista: ‘hay gente en Alemania Occidental que quiere que movilicemos a los trabajadores de la construcción de la RDA para construir un muro, nadie tiene intención de levantarlo’, en la mañana del domingo 13 de agosto la RDA empezó a bloquear Berlín Oriental, por órdenes de su presidente, Erich Honecker, con una alambrada de púas para separar el Berlín Oriental del Berlín Occidental. Las calles cercanas fueron destruidas y se utilizaron las piedras del pavimento con las que habían hecho barricadas para erigir el muro. Todos los trenes, incluido el subterráneo, fueron interrumpidos, y pronto se impidió a los berlineses orientales ingresar al Berlín Occidental. A 60 mil trabajadores se les impidió ingresar en la ciudad dividida por el Muro; en los siguientes días las brigadas de construcción empezaron a remplazar las barreras provisionales por un muro sólido.

“Días después, las fuerzas armadas de ocupación evacuaron por la fuerza las casas situadas cerca de la frontera occidental; inclusive llegaron a disparar contra quienes intentaron escapar saltando el muro desde Berlín Oriental, y endurecieron el control de uno y de otro lado con patrullas para registrar a los berlineses que transitaban a 100 metros del muro, el cual era de concreto y medía cuatro metros. Por el sector oriental había torres de control con reflectores en un espacio que pronto fue calificada como ‘el área de la muerte’; los refugiados eran fusilados sin aviso. Pronto se organizó una patrulla con perros guardianes, torres de vigilancia y búnkers, así como un segundo muro; por lo menos 100 personas fueron masacradas en las cercanías del Muro de Berlín; el último fue Chris Gueffroy.

“Desde agosto de 1989, el flujo de refugiados hacia embajadas extranjeras aumentó; en septiembre, las embajadas de la RFA en Varsovia y Praga vivían una situación difícil, ya que miles de alemanes orientales que habían saltado las vallas de la embajada alemana de Praga tuvieron que ser alojados en tiendas de lona improvisadas en los jardines. Finalmente, el 30 de septiembre el ministro de Relaciones Exteriores de Alemania, Hans-Dietrich Genscher anunció que los refugiados podían viajar a Berlín Occidental. Esa misma noche se transportaron por ferrocarril más de 100 mil personas a la República Federal Alemana.

“El 4 de noviembre se celebró en la Alexanderplatz, de Berlín, la mayor manifestación en la historia de la RDA: cerca de un millón de personas reclamaron elecciones libres, libertad de expresión, abolición del monopolio del poder del SED, así como la dimisión del gobierno y legalización de la oposición. La televisión estatal retransmitió en directo tres horas de manifestación que demostró que los ciudadanos de la RDA ya no tenían ningún temor hacia la persecución política; en el acto tomaron la palabra destacadas personalidades de la oposición y del gobierno, como el jefe del servicio secreto, Markus Wolf, y Günter Schabowski, miembro del Politburó SED, quienes fueron abucheados al tomar la palabra.

“El 18 de octubre dimite por motivos de salud, Erich Honecker, secretario general del SED durante 18 años, y lo sucede, tanto en el partido como en la jefatura de Estado, Egon Krenz, cuya designación, si bien fue acogida con recelo en la RDA, porque pertenecía al ala dura del SED, en su nuevo cargo se muestra abierto a las reformas y al diálogo. El 8 de noviembre, un día antes de la caída del muro, el politburó del SED dimite en su totalidad.

“A las 23:14 horas una avalancha de gente fuerza la apertura de las barreras en Berlín, y miles de ciudadanos de la RDA pasan a Berlín Occidental, donde son recibidos con gran alegría. El alcalde de Berlín pronuncia un discurso en el que declara: ‘ayer por la noche el pueblo alemán fue el pueblo más feliz del mundo’.”

Este artículo fue publicado en La Jornada el 2 de enero de 2006 y quise reproducirlo porque me parece vital a 20 años de distancia. No quiero terminar sin dejar de expresar votos por que no se vuelva a cometer otro error histórico como el del Muro de Berlín y el que se pretende hacer entre México y Estados Unidos. Se trata de una aventura condenada al fracaso, porque no detendrá el movimiento migratorio ni resolverá los problemas de fondo.

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The wall fell, and their world collapsed

As nations mark the 20th anniversary of the Berlin Wall's demise, former East Germans reflect on the day their old lives disappeared. Aram Radomski was the first Berliner to cross over, but when the euphoria subsided, he and millions of others were seized by a frightening reality. Their pasts and credentials erased, they had to 'figure out how the West works'.

What came next is another matter.

Mr. Radomski and thousands of other East Berliners had strolled around the West for the first time in their lives and had been bought beers all night by incredulous Westerners. Only in the sober light of morning, did it dawn on him.

"I realized then that my whole life before had meant nothing," he recalls. "Nothing I had learned in school, none of my jobs were of any use. I had to figure out how the West works. We hadn't learned that in school - we'd learned the opposite."

The opening of the Wall, the 20th anniversary of which will be the subject of a huge celebration and a gathering of European leaders in Berlin today, was a euphoric moment for most of the 16 million citizens of East Germany, and led quickly to the end of communism and the reunification of Germany the next year.

But for a great many of them, it meant that their entire world had suddenly collapsed, and the future had disappeared. Many of them have still not recovered.

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