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Tuesday, November 24, 2009

Job-hunting particularly hard for educated new immigrants

Two-thirds forced to take part-time, lower-paid jobs

By Suzanne Fournier,
Source: The ProvinceNovember, 24, 2009



Jerry Wang knows first-hand the hard, cold facts of a Statistics Canada report, released Monday, that found two-thirds of university-educated new immigrants find it hard to get paid work in their field.

Armed with a University of Western Ontario business degree, Wang, 28, searched for a job in Vancouver for two years after his 2004 graduation, but then was forced to go to Shanghai to get work experience in financial analysis and real estate.

Now Wang is back in Vancouver, with both business experience and education, looking for a job that matches his skill set in the city's burgeoning real-estate market.

"It's hard, because in the business world, you have to know people and build up a network and, even though I have a business degree and experience, all I'm being offered is sales jobs or selling bonds," said Wang, who took a two-week employment course offered through S.U.C.C.E.S.S., which gets government funding to help new immigrants.

Wang says he's determined to find work as a financial adviser and appraiser in real estate.

"I know I have the skills, the education and I speak English, because I've been living mostly in Canada since I was 19, and I am confident I'll get a job," said Wang, adding he's "fortunate" to get financial help from his family.

Veronica Grigio, who emigrated to Canada from Argentina five months ago with a university degree in anthropology, landed a job at the Italian Cultural Centre.

Grigio, 28, plans to go to university in Vancouver to further her education and get a job in her field.

"I know it is a struggle to get the right job . . . I am interested in studies and a career in medical anthropology," said Grigio, who adds that she appreciates the receptionist job she has "because I'm able to meet a lot of people."

The StatsCan report, based on labour data from 2008, found two-thirds of university-educated new immigrants were forced to take part-time or temporary work, lower-paid jobs or more than one job.

There are physicians working as cabbies, anthropologists applying at Tim Hortons and engineers who bus tables.

Canadian-born graduates with a university degree, aged 25 to 54, also tended to be under-employed but the job market was almost twice as bad for new immigrants.

Average weekly wages were $23.72 per hour for Canadian-born workers in the core working age group of 25 to 54, which was $2.28 more than that of immigrant workers, according to the report.

The wage gap was larger -- about $5 per hour -- between those who arrived in the past five years and Canadian-born workers with university degrees.

"There is light at the end of the tunnel, though, because new immigrants who work hard on language skills and credentials do start to get the jobs they are searching for, over time and with help," noted Ronald Ma, a manager at S.U.C.C.E.S.S. who runs pre-employment programs.

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La refundación siniestra del centro
Marco Rascón


De manera sorpresiva y como golpe estatutario, en el cuarto congreso nacional del PRD, celebrado en Oaxtepec hace 11 años, cuando los delegados revisaron la Declaración de principios, las corrientes más sectarias del partido, aliadas a los que se ostentaban ya como una corriente socialdemócrata, llevaron al pleno del congreso de manera confusa la propuesta de que el PRD debía declararse "un partido de izquierda".

En sentido estricto se pedía por decreto lo que en la realidad y por compromiso debía ser. Alcanzar los objetivos por la igualdad, la democracia, confundiendo el deber ser y el propósito, con una etiqueta. ¿Por qué y para qué? La definición "partido de izquierda" era un obsequio complementario a la "transición pactada" de Ernesto Zedillo, aprobada tres años antes en el tercer congreso. En el cuarto, bajo el argumento de que había que dejar "la ambigüedad ideológica" y que los problemas del PRD eran consecuencia de "la falta de una definición", se tomó por asalto la Declaración de principios para, bajo el manto de la izquierda, correrse al pragmatismo y claudicar del compromiso original surgido del 88.

El debate estuvo marcado por la posible candidatura externa de Ignacio Morales Lechuga a la gubernatura de Veracruz, ligado al salinismo; luego, lo que se bloqueó se convirtió en torrente a partir de 2000. Porfirio Muñoz Ledo respondía con sarcasmo a quienes dudaban de la idea de declararse "de izquierda": "el centro ideológico es una raya y ésa hay que dejársela a Manuel Camacho Solís" (La Jornada. Matilde Pérez, 21/3/98). Andaba por ahí naciendo el Partido de Centro Democrático (PCD), encabezado por el ex regente; en el fondo, era el nacimiento del lopezobradorismo, el deslinde político con el EZLN y toda forma insurreccional que enfrentaba Zedillo en Chiapas.

Es por eso que al momento de la declaración de que todos los que se afiliaran al PRD eran ya de izquierda y con los compromisos de la transición pactada, los impulsores de este decreto ideológico empezaron a reconstruir el "centro" para el Revolucionario Institucional como una forma de abandonar la idea de un programa propio y un proyecto que unificara al país, sin el PRI. Paradójicamente, decretar la propiedad de la izquierda en esa transición era dejarle al PRI el tesoro de la "unidad nacional", con el cual había justificado fraudes patrióticos, represiones, desapariciones, corrupción, autoritarismo, todo aquello que ahora regresa con las mismas siglas investidas como la causa "del centro" y la unidad ante la polarización de la derecha panista y la izquierda perredista, hoy en bancarrota electoral.

Gracias a esa resolución del cuarto congreso, la transición pactada tenía ya geometría ideológica perfecta para ganar el consenso de Washington y reconocer a Zedillo como el padre de la alternancia, siempre que garantizara dejar intacta la política económica y los poderes oligárquicos. Gracias a él, en México ya existirían legalmente la izquierda, el centro y la derecha como parte de un nuevo sistema político.

Decían en ese entonces los analistas políticos que entre el tercero y el cuarto congreso el PRD "había dejado la confrontación directa contra el salinismo, encabezada por el ingeniero Cárdenas a lo largo del sexenio anterior", y que ahora sí caminaba "constructivamente" hacia la transición pactada.

El punto de conflicto era sencillo: en 1987-88 la izquierda histórica, constructora de los grandes movimientos democráticos y sociales, había recibido con Cuauhtémoc Cárdenas el legado del cardenismo, fracturando la unidad nacional priísta y sentando las bases para unificar al país desde otros principios. El legado cardenista, que constituía un referente histórico y era un arma perfecta ante la tendencia neoliberal, con la candidatura de Cárdenas junto a la izquierda socialista revitalizaba la democracia, mediante un proyecto propio, con un nuevo desarrollo de país y para unificarlo desde el centro-izquierda sin incongruencias, promoviendo reformas y sin que nadie se llamara a engaño.

En el cuarto congreso, de manera siniestra y pactada con el zedillismo, se optó por la definición burocrática, que ha servido para que el PRI no sea la derecha y sea la representación del centro; para que en automático y tras el lógico vacío regrese a ser el portador exclusivo del equilibrio con el que se perfila hacia 2012.

Gracias al señuelo de la limpieza ideológica, en el PRD, cuando los extremos del PAN y del PRD alcanzaron juntos 70 por ciento en 2006, sepultando al tricolor, legítimamente se pudieron haber impuesto nuevas reglas de gobernabilidad y hacer lo que dicen querer hacer ahora, cuando ya no tienen la fuerza y dejan libre el camino a la restauración del viejo régimen como centro.

Al refundarse el PRD como "un partido de izquierda" se instaló el sectarismo, la demagogia, pues todo acto ilegal, corrupto e indebido se hace en nombre de ella. Hoy, por eso, en nombre de la izquierda se hacen y se dicen cosas que antes sólo reconocíamos como actos propios de los adversarios.


http://www.marcorascon.org

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