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Wednesday, September 30, 2009

¿Turismo espacial o desarrollo científico?
Rodolfo Neri Vela
El Universal / Lunes 28 de septiembre de 2009


Al regresar del espacio y de la NASA, era común que los reporteros me preguntaran cómo estaba México en desarrollo científico y tecnológico con respecto a otros países. Sin pensarlo mucho, les respondía que con medio siglo de atraso. Algunas personas no estaban de acuerdo, argumentando que aquí ya se fabricaban motocicletas.

Hoy sigo pensando lo mismo. Durante décadas, los políticos han preferido la vida cómoda y comprar toda la tecnología del momento, a cambio de mangos, camarones, petróleo y maquila de camisetas, jeans, autopartes, etc., y han dejado al país inmerso en el rezago, propiciando el éxodo interminable de mexicanos calificados -o sea, “la fuga de cerebros”-. Ha habido recursos muy limitados y esfuerzos loables en diversos institutos de investigación y universidades, pero han sido insuficientes y hoy México -a pesar de sus telescopios y sus hidroeléctricas- es el país más atrasado del Grupo de los 20.

¿De qué sirve ser una potencia económica que se codea con Italia y Canadá si hay desigualdad social, el pueblo duda de sus gobernantes y la ciencia es menospreciada, incluso por el propio pueblo que sufre de muchas carencias? Nuestro atraso no es sólo en ciencia y tecnología, sino también en educación básica, media y superior.

Esa vieja costumbre de sólo comprar tecnología y no impulsar la investigación en México es preocupante, en particular porque la posible creación de la Agencia Espacial Mexicana también corre el peligro de convertirse en un juguete político. Y eso que la iniciativa de ley aún está guardada en un cajón de la Cámara de Diputados. Si el milagro de que la Agencia sea creada ocurre, deberá avocarse al impulso de la ciencia y el desarrollo tecnológico.

Quien quiera invertir en proyectos turísticos de dudoso éxito -en lugar de impulsar la ciencia-, está en su derecho, pero no debe hacerlo con recursos públicos y apoyándose en la imagen de astronautas extranjeros para fines de promoción. Todo proyecto que sea avalado por la futura Agencia Espacial Mexicana deberá pasar por un proceso serio de análisis, con mucho orden, bajo la vigilancia de su director y la Junta de Gobierno. Sería conveniente que varios comunicadores lean la iniciativa de ley aprobada por los senadores en 2008 y le pidieran su opinión a la UNAM, al IPN, a las Academias de Ingeniería, Ciencias y Medicina, así como al Conacyt y a un servidor, para empezar.

Contar con un centro de lanzamientos en la península de Yucatán para vuelos suborbitales turísticos -con todo comprado y traído del extranjero- no favorece en nada al desarrollo científico de México. Tampoco es cierto que sea necesario estar cerca de la línea ecuatorial para abaratar los vuelos turísticos (pregúntenle a Escocia y a Suecia) y como la sensación de microgravedad sólo durará unos cuatro minutos, su uso para experimentos será limitado. La propia NASA siempre se ha rehusado a llevar turistas al espacio, cosa que sí hicieron los rusos en los últimos años con algunos multimillonarios.

A futuro, para el país sería mucho más estratégico contar con un lugar para lanzar y colocar en órbita satélites geoestacionarios (R. Neri, Satélites de Comunicaciones, McGraw-Hill, Madrid, 1991; y R. Neri, Comunicaciones por Satélite, Thomson, México, 2003), como los que México usa para sus comunicaciones. Para este fin, sí conviene estar cerca de la línea ecuatorial y sería mucho más provechoso instalarlo en la costa de Oaxaca, ya que está mucho más al sur que la península de Yucatán, con lanzamientos en dirección sureste, sin ningún riesgo para poblaciones cercanas.

Por lo pronto, seguiré con mis labores de divulgación científica e invito a mis lectores a unas conferencias que impartiré en el MUTEC (www.cfe.gob.mx/mutec). La entrada será gratuita.

Saludos a todos.

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